Cargar nuestros cacharros en verano puede convertirse en toda una aventura si nuestro destino de vacaciones no es muy amistoso con la tecnología. La casa de la abuela en el pueblo, ese cámping en Portugal, el festival de música electrónica de turno, o los albergues en los que hacemos noche en el interrrail no son precisamente el mejor lugar para encontrar un puerto USB activo. A veces ni siquiera para un enchufe.
Para evitar imprevistos, os proponemos cinco cargadores que tienen dos cosas en común. La primera es que no es necesario enchufarlos a la red eléctrica para que cumplan su función. La segunda es que existen y se pueden comprar. En otras palabras, no son equipos de los que se presentan y después se pasan año y medio en el limbo de la reserva.

